¡YA CHOLE, SOLEDAD!

¡YA CHOLE, SOLEDAD!

Sí, ¡ya chole soledad! Esa soledad que viven las mujeres violentadas todos los días en este país de machos, donde sus derechos parecieran ser menos importantes que el maldito paradigma vergonzante histórico machista que arrastramos como nación y que pareciera que entre más discursos de cultura de paz y de igualdad y respeto a las mujeres, más violenta se torna la sociedad contra ellas. No basta la violencia de todo tipo que padecen, además se enfrentan a procesos burocráticos que laceran su dignidad y a la revictimización que hacen los servidores públicos encargados de estas denuncias, que, en muchas ocasiones, hacen que la víctima no prosiga el proceso hasta el término.

Al igual que con el uso del cubrebocas durante la crisis sanitaria por Covid-19, el presidente López Obrador es insensible ante la ola de criticas por la postulación del impresentable Félix Salgado Macedonio como candidato de Morena a la gubernatura de Guerrero y resulta ofensivo su argumento de que las denuncias llevan un tinte electoral e insistió en no hacer linchamientos políticos ante las graves denuncias, seis se contabilizan, en contra de Salgado Macedonio.

No solo hay candidatos, también hay gobernantes que tienen denuncias pendientes por violencia contra las mujeres, en Jalisco dos penosos botones de muestra que señalan a aquellos que deberían tener una ética en su actuación pública y que tienen graves acusaciones, los primeros ediles del municipio de Tototlán, Sergio Quezada Mendoza, y de Zapotlanejo, Héctor Álvarez, a quienes se les debe dar una sanción ejemplar para evitar estas actitudes en el resto de la clase política, no solo de un año inhabilitados y de tomar cursos de “Nuevas masculinidades”.

Más allá de una campaña mediática de romper el pacto, lo que todos debemos hacer es romper el paradigma de violencia sistémica que esta sociedad mexicana le infringe a 1 de cada 3 mujeres, que estos actos sirvan para que rediseñemos modelos de educación que redunden en la convivencia diaria, basados en respeto y tolerancia. Desde los hogares y las aulas debemos cambiar, porque está visto que al gobierno y a los políticos, poco o nada le interesa modificar las instituciones e implementar políticas públicas para combatir y erradicar este penoso, y grave flagelo cotidiano.

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