Dos mundos distintos, una sola Frontera

En el marco de la visita a Estados Unidos que hace el Presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, al Presidente estadounidense Donald Trump los días 8 y 9 de julio de 2020, se hace necesario contextualizar la relación bilateral entre ambos gobiernos, escribir en tan poco espacio acerca de la conexión entre México y Estados Unidos representa un reto mayor, ya que es remontarse al origen, incluso, de la propia Política Exterior Mexicana, baste centrarnos en mencionar las características propias de los contactos entre ambas naciones.

En este sentido propongo al lector seguir a Velázquez (2011) con las particularidades de ésta: 1) una “relación especial”; 2) una marcada “asimetría”; 3) un patrón simultáneo de conflicto y cooperación; 4) una creciente “interdependencia”; 5) una agenda “interméstica”; 6) una relación “complicada” y 7) una relación “intensa”. Estas características han definido, en mayor o menor medida, que la relación bilateral mantenga una “estructura” determinada, cuya inercia es muy difícil de alterar.

RELACIÓN ESPECIAL

Nuestra bilateralidad es singular en el globo terráqueo, reserva trazos y propiedades privativas. La franja fronteriza que nos separa no solo es geográfica, también es política, económica, social y cultural. Se ven diariamente dos versiones del mundo económico, uno instalado en la cima y el otro en un camino al desarrollo.

Son tan evidentes las diferencias entre ambas naciones como su unión geográfica, esta ambigüedad unida, precisa a la solución cohorte de problemáticas compartidas.

Esta “relación especial”, bautizada así por varios estudiosos del tema (Ojeda, 1976; Meyer,1985; Schiavon, 2006), tuvo como fundamento el tiempo transcurrido posterior a la segunda gran guerra, en el marco de la denominada guerra fría, Estados Unidos y México se reconocieron en sus requerimientos recíprocos, mismos que persisten hasta ahora, allá se demanda que el vecino del sur tenga estabilidad política, este necesita apoyos para el desarrollo económico.

Prueba de ello es la esperanza que ha puesto el Presidente de México en la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá para “traer más inversión extranjera, más empleos y bienestar al país” (Andrés Manuel López Obrador, 2020).

CRECIENTE INTERDEPENDENCIA

El Presidente de México se encontrará con su homólogo estadounidense para celebrar el acuerdo comercial, denominado T-MEC, que tiene como antecedente el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) firmado en 1992, donde a partir de esa fecha ha sido documentado suficientemente el aumento de las inversiones estadunidenses en la economía mexicana, dos datos más a considerar en esta interdependencia, el primero, la cantidad de mexicanos que emigraban a Estados Unidos en busca de mejores niveles de vida, numeralia que ha disminuido con la intervención de la Guardia Nacional para detener la ola migrante.

El segundo factor para tomar en cuenta corresponde al siempre presente tema financiero, en específico a la deuda mexicana pactada en dólares, para mayor ilustración me referiré al comunicado No. 57, emitido por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público en la Ciudad de México el 30 de junio del presente año, donde en su apartado Finanzas públicas y deuda pública a mayo de 2020.

Así es como en este reporte oficial, el Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público (SHRFSP) ascendió a 11 billones 769.5 mil millones de pesos. El componente interno del SHRFSP se ubicó en 7 billones 144.4 mil millones de pesos, mientras que el externo fue de 206.8 mil millones de dólares (equivalente a 4 billones 625.2 mil millones de pesos). La deuda neta del sector público federal (Gobierno Federal, Empresas Productivas del Estado y la banca de desarrollo) al finalizar mayo de 2020 se ubicó en 12 billones 48.1 mil millones de pesos. La deuda interna neta del sector público federal fue de 7 billones 333.8 mil millones de pesos, mientras que la deuda externa neta del sector público federal se ubicó en 210.8 mil millones de dólares (equivalente a 4 billones 714.3 mil millones de pesos).

Finalmente, el saldo de la deuda neta del Gobierno Federal se situó en 9 billones 47.8 mil millones de pesos en mayo de 2020. En cuanto a su composición, la deuda interna neta del Gobierno Federal fue de 6 billones 776.8 mil millones de pesos, mientras que la deuda externa neta del Gobierno Federal se ubicó en 101.5 mil millones de dólares (equivalente a 2 billones 271 mil millones de pesos).

Agrego a estos factores de interdependencia, con Keohane y Nye (1989), el volumen e intensidad de las interacciones económicas, políticas, sociales y culturales que se generan en la frontera de más de tres mil kilómetros, lo que ilustra la existencia de múltiples canales de comunicación entre actores estatales y no estatales en ambos lados de la frontera.

Esta interdependencia genera que los movimientos en la economía estadounidense hagan eco de manera deficitaria en la mexicana, sin embargo, cuando allá estiman que estas repercusiones puedan alterar de más en su interior, estarán para apoyar a México, justo como en 1995 en la gran crisis financiera mexicana, en lo que se conoció como el error de diciembre.
México ve mermada su autonomía por esta dependencia económica, la cual no se alteró con Obama, ni cambiará con presidentes republicanos o demócratas, con Trump o Biden, adelante abundaré en este patrón de conflicto-cooperación, aquí solo mencionaré que el grado de fusión económica se encuentra a expensas de los mercados y de la presión que ejercen distintos grupos empresariales.

AGENDA INTERMÉSTICA

La política exterior estadounidense parte de la base relacional de que lo que suceda en el mundo encierra, en principio, un tema de naturaleza intrínseca, los asuntos externos e internos se disuelven y prácticamente todos los tópicos pasan a ser intermestic, lo que pretende decirnos Velázquez es que al mismo tiempo son “internacionales” y “domésticos”, por lo que nuestra especial relación bilateral no tendría que ser la excepción.

De hecho, los límites de tierra y agua, la seguridad fronteriza, la migración, el tráfico ilegal de estupefacientes, y asuntos medio ambientales están presentes en nuestra relación, solo que vistos desde el ojo interno de Estados Unidos. Esta apreciación trae consigo que México, como país, no guarda un espacio significativo a considerar respecto de la política norteamericana, lo que les es relevante, entonces, es el contenido del tema y no el país en sí.

En este aspecto, las representaciones se realzan. Washington estudia estas cuestiones desde ópticas propias, porque advierte que representan un beneficio, tangible o no, para su sociedad y gobierno por lo que conservan para sí sus resoluciones de manera unilateral.

Así es como se ve un asunto interméstico, temas de origen intrínseco, esto es, son efectivamente de naturaleza doméstica, pero con marcados elementos internacionales.

En el caso de la visita de hoy y mañana, el interés de Donald Trump es su relección, no el Tratado. Lo doméstico es lo electoral con aroma de un buen Cut Zifandel, lo internacional denotará un marcado buqué de agave.

CRECIENTE ASIMETRÍA

Para los amables lectores es fácil identificar la existencia de varios componentes diferenciadores entre ambas naciones por lo que no abundaré en ellos.

Son varias las divergencias históricas entre Estados Unidos y México, ubiquemos el momento de la conquista de México a manos de los españoles antes del Siglo de las luces, en tanto aquel país fue colonizado por los ingleses posteriormente a la Ilustración. De esta manera las herencias en el rumbo ideológico son notoriamente distintas, consecuentemente arrojaron comunidades sociales diferentes. En la visión económica, México adoptó un sistema semifeudal y Estados Unidos heredó un modelo semicapitalista.

Después, estas particularidades se verterían en dos mundos asimétricos expandidos en una frontera común. Con el pasar de las épocas estos elementales diferendos se han resaltado y estimulado de manera natural, su ausencia de comprensión no pocas veces ha dado origen a tensiones marcadas a través del tiempo.

Fue después de la segunda guerra mundial que Estados Unidos se alzó como la primera potencia del planeta, tanto en el ámbito militar como en el económico, en contraste México no superó el subdesarrollo. Así que para la década de los 90s del siglo pasado, fin de la guerra fría, el imperio ya no tuvo oposición real en supremacía militar, la desproporción de poder manifiesta es, sin duda, uno de los trazos característicos de la relación México-Estados Unidos.

Queda claro que las potencias imponen condiciones, solo así pudimos ver cuatro meses después de haberse declarado la pandemia del Coronavid-19 en México, que el Titular del Ejecutivo azteca se hiciera la prueba preventiva a esta cepa virulenta y utilizara la medida precautoria del cubrebocas.

Difícilmente alguien pudiera argumentar en contra de la premisa siguiente: Mientras persista la hegemonía económico-militar, Estados Unidos impondrá sus intereses frente a México.

PATRÓN CONFLICTO-COOPERACIÓN

Líneas arriba empecé a hablar de esta tendencia, en algunas ocasiones nuestra relación especial viaja en el péndulo histórico entre la pugna y el apoyo, otras tantas en el entretejido de ambas puntas de la madeja.

Para México existen heterogéneos motivos que orientan la tendencia belicosa, quizá el origen del antagonismo hacia el “imperialismo yanqui” inicie con el llamado nacionalismo producto de invasiones y la consecuente merma de nuestro territorio entre 1846 y 1848, lo dispar de la relación, la notoria desventaja en temas migratorios, el narcotráfico, intereses nacionales diferentes con ópticas distintas en política exterior y que probablemente nunca culminen.

En este momento de la relación, entre las causas que expresan apoyo y cooperación entre una y otra nación, encontramos en primer lugar la reciprocidad económica que brinda el Tratado México, Estados Unidos y Canadá (motivo de la visita presidencial), la colocación en la que quedó nuestro país al fin de la guerra fría y el pragmatismo de ambos mandatarios.

Actualmente han quedado atrás conflictos como el asunto migratorio, controversias comerciales como el tomate o el paso de camiones a carreteras estadounidenses, Estados Unidos cooperó con México en la disminución en la producción de barriles de petróleo exigidas por la OPEP, ahora el Gobierno federal mexicano ayuda a la relección de Trump. Misma tendencia que no sorprende, para eso son los vecinos.

UNA RELACIÓN COMPLICADA

¿Alguien duda que esta interrelación es complicada? En países que comparten frontera y, una tan larga como la de ambas naciones, es normal que adicionen y añadan puntos en una agenda compartida, que difícilmente tendrán fecha de caducidad prontamente, aquí algunos: los propios de la franja fronteriza como migración, narcotráfico, contrabando, medio ambiente, turismo, comercio, inversiones.

Añadamos a esta complejidad el elemento humano: a mayor número de temas en la agenda, más personas intervienen, participan y deciden. Ahora el elemento institucional: a mayor variedad de temas, más instituciones intervienen en la elaboración, planeación y ejecución de políticas públicas internacionales en ambos lados de la frontera. Ahora grupos no gubernamentales: esta relación, aparte de problemas, produce dinero, sumemos entonces a factores reales de poder como organizaciones empresariales, grupos de presión y ONG´s, entre otros.

Entre tantos protagonistas de historias, ya se puede advertir este ir y venir de opiniones, datos, decisiones, en la mayor parte contradictorias, confusas, que hacen compleja esta interacción, la defensa de los intereses de cada actor y grupo interviniente dificultan el camino de la bilateralidad.

UNA RELACIÓN INTENSA

Esta vehemente relación Estados Unidos-México, alcanza tensiones muy altas, tanto por el cúmulo de asuntos que son parte de la agenda compartida como al número de colisiones y lazos que se asientan cotidianamente, la Comisión Internacional de Límites y Aguas registra 3,185 kilómetros de frontera común, México en sus 30 puntos de cruces fronterizos, arrojó 135 millones de traspasos en 2019, según la Secretaría de Turismo federal.

Por estos linderos geográficos se entrelazan bienes, servicios y capitales como en ninguna otra región del mundo, solo por dar una idea, de conformidad a los estudios del Wilson Center, México exporta más mercancía a los estados fronterizos de Estados Unidos que al resto del mundo.

Por si esto no bastara para hacer más difícil la relación, señalaré que el comercio ilegal de narcóticos entre ambas naciones refleja los lugares con más puntos de tráfico, contrabando y armas a nivel mundial.

En medio ambiente se cuenta con una porosidad que hace que la contaminación en la zona fronteriza sea muy alta, producto de la falta de control y supervisión.

Finalmente mencionaré que las relaciones México-Estados Unidos son de corte rígido, con pocos espacios para flexibilidades, así ha sido desde hace 111 años con la visita recíproca Díaz-Taft, El Paso-Ciudad Juárez, en octubre de 1909, hasta la que inicia este día en Washington, D.C., de conformidad a la Agenda oficial del Presidente López Obrador que consta de ocho eventos programados para el día de ahora, entre los que se incluyen dos depósitos de ofrendas florales, la primera en el Monumento a Abraham Lincoln y la segunda en la Estatua de Benito Juárez.

Quizá el momento más delicado de la visita sean los cerca de 30 minutos que el Presidente Trump le concede a nuestro Primer Mandatario en una reunión de trabajo privada en la Oficina Oval de la Casa Blanca, misma que iniciará las 14:05h y que culminará poco antes de las 14:35, hora que está dispuesta una reunión de trabajo con el propio mandatario estadounidense y ambas comitivas en el Salón de Gabinete de la propia Casa Blanca.

Hago votos por el éxito de la visita, la agenda no luce riesgosa, ¿qué podría salir mal?

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