CONSULTOCRACIA

CONSULTOCRACIA

Se inaugura en este sexenio una forma novedosa de ejercer la democracia: la consulta con fines vinculantes ya sea a mano alzada o mediante la recolección de firmas, ambas a modo, la administración de AMLO pasará a la historia por delegar en el pueblo bueno y sabio las decisiones que los ciudadanos le habían conferido a través del voto para que él las hiciera valer.

En nuestra democracia, en teoría, se elige a las autoridades encargadas de sacar adelante un proyecto de nación, lo que requiere tomar decisiones para combatir los problemas que un país enfrenta, propiciar un desarrollo económico que conlleve bienestar general, establecer políticas en materia de seguridad pública que alejen del ciudadano los riesgos de la delincuencia, así como el buen uso de los recursos públicos, que velen por garantizar los derechos humanos de los mexicanos, consagrados en la Constitución.

Sin embargo, de manera simplona y siempre con la investidura de político en campaña, opta por lavarse las manos, que el pueblo decida, de esta forma se realizaron las “consultas” acerca de temas trascendentes como la planta cervecera Constellation Brands en Mexicali, Baja California, la termoeléctrica que resolvería el abasto de luz en Morelos, la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México en Texcoco, la construcción del Tren Transítsmico en Oaxaca y del Metrobús en Durango, contestar a Donald Trump por sus advertencias comerciales, la relación con los gobernadores de algunos estados y recientemente el circo de colecta de firmas para someter a juicio a los ex presidentes, desde Carlos Salinas hasta Enrique Peña Nieto.

Ante ello y sobre todo por lo que fue su segundo informe, autocomplaciente, hueco y sin critica alguna, sería bueno proponer una consulta pública para sacar adelante los grandes temas que nos aquejan a los mexicanos. Hagamos una consulta para combatir frontalmente al crimen organizado, para erradicar la violencia contra la mujer, buscar a los miles de desaparecidos en el país, respetar el libre ejercicio a la libertad de opinión y de prensa y evitar que el primer mandatario siga confrontando al país con su visión absurda de los buenos de AMLO contra los malos que no piensen igual que él. Ni que decir de hacer una consulta para evaluar su mal manejo de la pandemia por el Covid-19 y la economía nacional, que cada vez ahuyenta más capitales privados para la inversión.

Por lo visto hasta hoy, López Obrador sigue más ocupado en conservar sus índices de popularidad como candidato que en ejercer la función sustantiva que se le otorgó en las urnas como jefe del Estado mexicano, dejando en claro que su visión de la política es más de un político del montón y no del estadista que durante 18 años de campaña, le vendió a gran parte de los mexicanos CONSULTOCRACIA

Se inaugura en este sexenio una forma novedosa de ejercer la democracia: la consulta con fines vinculantes ya sea a mano alzada o mediante la recolección de firmas, ambas a modo, la administración de AMLO pasará a la historia por delegar en el pueblo bueno y sabio las decisiones que los ciudadanos le habían conferido a través del voto para que él las hiciera valer.

En nuestra democracia, en teoría, se elige a las autoridades encargadas de sacar adelante un proyecto de nación, lo que requiere tomar decisiones para combatir los problemas que un país enfrenta, propiciar un desarrollo económico que conlleve bienestar general, establecer políticas en materia de seguridad pública que alejen del ciudadano los riesgos de la delincuencia, así como el buen uso de los recursos públicos, que velen por garantizar los derechos humanos de los mexicanos, consagrados en la Constitución.

Sin embargo, de manera simplona y siempre con la investidura de político en campaña, opta por lavarse las manos, que el pueblo decida, de esta forma se realizaron las “consultas” acerca de temas trascendentes como la planta cervecera Constellation Brands en Mexicali, Baja California, la termoeléctrica que resolvería el abasto de luz en Morelos, la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México en Texcoco, la construcción del Tren Transítsmico en Oaxaca y del Metrobús en Durango, contestar a Donald Trump por sus advertencias comerciales, la relación con los gobernadores de algunos estados y recientemente el circo de colecta de firmas para someter a juicio a los ex presidentes, desde Carlos Salinas hasta Enrique Peña Nieto.

Ante ello y sobre todo por lo que fue su segundo informe, autocomplaciente, hueco y sin critica alguna, sería bueno proponer una consulta pública para sacar adelante los grandes temas que nos aquejan a los mexicanos. Hagamos una consulta para combatir frontalmente al crimen organizado, para erradicar la violencia contra la mujer, buscar a los miles de desaparecidos en el país, respetar el libre ejercicio a la libertad de opinión y de prensa y evitar que el primer mandatario siga confrontando al país con su visión absurda de los buenos de AMLO contra los malos que no piensen igual que él. Ni que decir de hacer una consulta para evaluar su mal manejo de la pandemia por el Covid-19 y la economía nacional, que cada vez ahuyenta más capitales privados para la inversión.

Por lo visto hasta hoy, López Obrador sigue más ocupado en conservar sus índices de popularidad como candidato que en ejercer la función sustantiva que se le otorgó en las urnas como jefe del Estado mexicano, dejando en claro que su visión de la política es más de un político del montón y no del estadista que durante 18 años de campaña, le vendió a gran parte de los mexicanos. Lamentable.

¿No durante su campaña prometió acabar con la corrupción y la demagogia?

Lamentable.